Un poema



Génesis 4:15

Aquel Simón que en el monte Garizim, en Samaria,
compitió en prodigios con los Apóstoles era yo.
Antes Polibo, yerno de Hipócrates,
que contra Empédocles demostré que la sangre no piensa.
Ahora Einsam, ciego, en una playa del norte
trazando en la arena los signos rotos que llaman alfabeto.
En Samaria pensé que sólo existe lo que existe en mi memoria.
En Crotona, después de diseccionar un cadáver,
supé que si estoy despierto -yo, el universo- es temporalmente.
Palpo la arena negra y escribo mi verdadero nombre.
Tú lo sabes aunque la lengua del agua lo robe.

Ya emprendo camino a la tierra de Nod
donde la Sombra espera.

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Ilustración: Oldrich Kulhanek, Torso, 1996

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