Entrecruzados (dos poemas)



El tiempo de los sueños

Soñé que estaba en un puerto
y que una mujer me miraba.
Soñé luz y besos.
Aquella mujer disfrazada de hombre pensaba en un niño.
El niño miraba barcos alejarse;
en sus manos guardaba el cadáver de una alondra.
La mujer me miró:
no tenía labios.
El niño se asustó:
las alas quebradas de la alondra se levantaban.



Es anterior al sueño

Nadie puede dudar que las agujas tienen un solo cuello,
que la ceniza madura y duele en nuestra frente
y despierta a la altura de los ojos
con unos ojos de la misma altura.
Nadie puede dudar que hay llaves que no tienen puertas,
que dos labios ajenos son dos labios,
que una lágrima es materia.

Un niño juega y gana y vuelve a la entrada,
y pierde y vuelve, intacto, a la salida.
Un niño -aquel niño delicioso-
sueña con las alas de una alondra.

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Ilustración: Jiri Salajka, On sea, 2006

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