
En un viaje a Nueva York, después de un paseo por el puente de Brooklyn, compré dos relojes iguales en el barrio de Chinatown. Dos relojes plateados con un minutero exacto y tres esferas más pequeñas sobre la esfera mayor. Uno de los relojes era para un regalo así que lo guardé en su funda y lo dejé en el hotel. El otro lo empecé a usar inmediatamente: lo agité y le di cuerda, lo puse en hora y en la muñeca y, cada cierto tiempo, lo vigilaba para comprobar su marcha.
El reloj mecánico es, a los ojos de Jünger, el invento más importante de los últimos mil años, un invento a la altura de la rueda. Jünger contrapone la medida de los relojes naturales basados en el agua, la luz, el fuego o la arena al ritmo del reloj de ruedas que no ofrece un tiempo que fluye sino que mide un tiempo nuevo, el tiempo dice Jünger de la “monotonía mecánica que rige nuestra técnica”, el tiempo que hoy nos invade.
Poco se sabe del inventor del reloj de ruedas, el hombre que puso “bridas al tiempo”. Pero fue, alrededor del año mil, en algún monasterio benedictino de la Selva Negra cuando se alumbró el invento. Tal vez se deba al extraño Gerberto de Aurillac, al que también se le atribuye la mejora del ábaco y la adopción del número cero para la cristiandad, el responsable de traer ese símbolo de un milenio. En un principio parece que el artefacto cuidaba la preocupación de los monjes por cumplir correctamente las horas del rezo. Después, ya perfeccionado en sus escapes, muelles y engranajes, conquistará las torres de las iglesias y castillos y, antes de cercar nuestro mundo, tendrá un segundo nacimiento en el siglo XVI cuando Peter Henlein lo convierta en “reloj de bolsillo”.
Desde entonces los relojes “dan” el tiempo, “regalan” el ritmo exacto de la vida humana. No tiene que sorprender la suerte del monje Gerberto al que sus propios contemporáneos juzgaban como un nigromante pactando con el maligno la perdición de los hombres.
Yo ahora recuerdo Chinatown y comprendo que los relojes mecánicos nos obsequian horas aparentemente iguales, horas artificiales cansadas que, como un poder que avanza, nos orientan hacia un tiempo frenético pero inexistente. En Nueva York supe que el tiempo abstracto del reloj que llevaba en la muñeca era exactamente el mismo que el del reloj guardado en el hotel.

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.
Dijo sabiamente Cortazar.
Saludos, me gusta tu blog. Susana
Dulces y Divertidos
15 de junio de 2009 a las 20:24No conocía el texto. Me gusta la imagen de la "cárcel de aire"
Gracias y un saludo. Ramón
Ramón Gil
18 de junio de 2009 a las 18:13Juraría que ésta era la entrada primera de este blog, y ahora veo que es la tercera. Bueno...
Para Susana, que creo que se nos viene de Argentina ¿de Quilmes? Últimamente toda la gente que me encuentro de allá es de Quilmes...). Cuando uno era crío, y todavía la Primera Comunión tenía un cierto tirón en la sociedad y la familia -al menos por aquí-, a uno le regalaban finalmente su primer reloj de pulsera (por lo regular marca Cauny, que ya debe de haber desaparecido).Creo que era una especie de rito de paso: a partir de ese día las tardes de sábado, o las aburridísimas de domingo, dejaban de ser eternas. Con el reloj desaparecía aquello de preguntar a aquel señor que pasa por ahí, a ver si tiene hora -entonces no todo el mundo tenía reloj-, pero sobre todo desaparecía la inconsciencia del paso del tiempo. El tiempo nacía ya como ese perro que huye mientras mira hacia atrás, que decía Benítez Reyes: la sucesión implacable de segundos y minutos de la que ya desde entonces resulta imposible deshacerse...
Rito de paso, Susana. Desconozco el texto de Cortázar. ¿Qué tal si nos dices cuál es exactamente?
MMR.
Anónimo
25 de junio de 2009 a las 13:49El texto "Piensa en esto... cuando te regalan un reloj..." de Cortázar es "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, en Historias de cronopios y de Famas. Hubo cierta polémica con su elección como soporte de un anuncio de automóviles: la voz de Cortázar leyendo / recitando el texto era la utilizada en el anuncio: http://www.youtube.com/watch?v=GU8Xrc4506o
Ramón Gil
27 de junio de 2009 a las 10:08