El copyright de las palabras



Me acerqué a la barra para pagar con un billete de cinco euros. La camarera se rió y me devolvió el billete. Me di cuenta del error, no era un billete, era uno de los múltiples papelitos que yo llevo en los bolsillos. Un papelito con un poema escrito, o no era un poema sino un cuento que anoté para no olvidar y que olvidé. El caso es que no aceptaban poemas ni cuentos para abonar las consumiciones.

Con mi papelito recobrado pensé que no era tan extraño que las palabras escritas sirviesen para saldar las cuentas. Recordé que, en algún momento, algunos poetas chinos se empleaban en la corte del Emperador para diseñar laberintos y que como compensación por su trabajo les permitían el uso de palabras en propiedad. Los poetas elegían las palabras y las anotaban en un libro de registro: Cuentas de Palabras. Había palabras muy solicitadas: la palabra yo, por ejemplo, o la palabra llover, o la palabra dentro, o la palabra resplandor y la palabra buey. Cuando una palabra era registrada el poeta afortunado tenía la seguridad de que solo él podía usarla. Las penas eran estrictas por violar el libro de Cuentas: morir de hambre atado al tronco de un manzano o servir de reloj humano en alguna de las muchas salas de los muchos palacios de la ciudad eterna de Gao Zongla, eran algunas.

Las palabras tenían valor y se prestaban y se vendían. Pronto, entre los poetas más pobres empezaron a aflorar movimientos que pretendían burlar la contabilidad: la poesía se volvió experimental e imposible. En lugar de las palabras registradas utilizaban números o vacíos o cortaban las palabras a la mitad o, los más osados, las inventaban (esfuerzo inútil ya que algún poeta insensible acababa siempre por registrarlas). Una mezcla de todas estas técnicas es el poema titulado "AfBiblo" de un poeta del que se perdió el nombre (estaba registrado) y que se contiene en una página de papel de arroz en blanco, salvo hacia la mitad donde se lee: "Tritón tira 3mares / Crece Jazmín 24609". Los exégetas de este período de la literatura china sostienen que lo más interesante del texto son las líneas en blanco, las líneas escritas con las palabras presentes en el libro de registro y que en ellas, si se oyen bien, se escucha el rumor inocente del río del tiempo.

Cuando volví a mi papelito había un poema y junto a él un número de teléfono anotado, o no era un número sino la cifra de una palabra.




Ilustración: Pavel Sukdolak

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