
Alguien dijo que aburrirse es como amar a la muerte. En el sueño es la muerte la que nos ama. Todas las culturas señalan esta cercanía del sueño y la muerte, también sitúan su causa en la visita o mensaje de dioses. A mí me gusta más otra aproximación: la del sueño como un arte sin artista donde se incluye al que sueña, no ya como personaje sino como espectador. Me interesa el momento en el que el sueño se hizo lejano como un órgano hecho de sombra que aun no perteneciéndonos decimos nuestro.
Talvez el primer hombre que alcanzó la memoria de la representación de un sueño tuvo un miedo atroz y se volvió loco y se dejó morir o lo mataron. En ese momento aun no pleno de vigilia las imágenes que la noche y el cansancio traían comenzaron a habitarnos.
Que el sueño sea un arte, y un arte sin artista, no es evidente. No es posible crear un sueño porque el sueño, parece, es tan íntimo a nosotros como lo es un movimiento de nuestra mano o un latido del corazón. Sabemos hoy los discursos que nos explican los sueños, los lugares comunes de la mecánica del soñar que nos tranquilizan y nos sedan, que nos despreocupan. Yo prefiero la consideración del sueño como un arte sin tiempo en el que arrancadas del negro silencio de la nada las imágenes múltiples y simultáneas aparecen. Solo secundariamente el sueño tiene una existencia narrativa, sucesiva, se hace memoria y se cuenta y se interpreta.
La saliva del sueño puede ser dulce o amarga, puede herirnos o curarnos. Pero el relato que nos hacemos sigue huellas borradas. Solo en el sueño el sueño tiene realidad. El sueño para el no durmiente es un caja cerrada; para él mismo en cuanto duerme la caja también permanece cerrada porque él es la caja.
En una ocasión a mí me publicaron el recuerdo de un sueño. Omitiré los detalles, pero el texto aparecía en una exposición itinerante* que un día llegó a La Habana. Hoy lo he leído y he vuelto a soñar, como aquel día, exactamente lo mismo; he vuelto a soñar aunque no lo recuerde, aunque sepa que la caja nunca se abre. Al verme ahora, desde mi sueño, me reconocí: estaba en el Castillo de San Carlos de la Cabaña, en la ciudad de La Habana, feliz.
Ilustración: Janda Zdenek, "Silent Promise".
*La exposición "Plantando Libros" partía de imágenes propuestas por los ilustradores para que los escritores construyeran textos. Fue organizada por la AGPI -Asociación Galega de Profesionais da Ilustración- con motivo del VII Salón do Libro Infantil e Xuvenil de Pontevedra y la Xunta de Galicia. En Cuba se expuso con motivo de la Feria del Libro de La Habana en Febrero de 2008.

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