
El mundo está lleno de monstruos.
Muevo mi pulgar, oigo mis cadenas.
Me detesto.
Cuando juego en la lluvia
soy lluvia.
Escucho el eco del mundo.
Guardo la fe del murciélago.
Yo soy la fe del murciélago.
Tengo miedo
y frío.
Estoy en un burdel rojo,
una mujer redonda acaricia mis orejas.
Está cansada, triste, aburrida.
La creo,
la envidio.
Le prometo volver
y no volveré.
Soy falso y ridículo.
Me apago en deseos,
divido mi trece en su martes,
agoto mis alas en su lejos.
Siempre estoy lejos,
aquí.
Ilustración: Ángel de la Peña, Sin título, 1995

Un poema que destila vacio e impotencia
SE
2 de agosto de 2010 a las 9:24Estoy totalmente de acuerdo con SE y siento como me envuelve una profunda melancolía.
A-brazos, Poeta.
M.
Anónimo
3 de agosto de 2010 a las 0:20La ciudad nos hace estar constantemente lejos. Aunque quizás sean los monstruos que nos crea la ciudad o nuestro propio monstruo interior los que nos mantienen lejos de todo...
Un saludo.
Oski
Tropiezos y trapecios
13 de agosto de 2010 a las 9:34