
1.
Estoy enfermo.
Veo un pez.
Es bello.
Veo un hombre prisionero de su rostro.
Me sumerjo en el hambre del pez.
2.
No soy un mal enfermo.
Mis huesos húmedos, mi corazón de madera,
mi ombligo de miel,
nada
es necesario.
El pez me abraza.
3.
Aunque muerda mi conciencia,
y muera humanamente
de tiempo, de codicia,
no soy un mal enfermo.
4.
No hay nada comparable a la belleza del pez
que se entretiene en mi rostro.
5.
Apresuro mi pausa.
No quiero ir tan lejos.
No tengo fe.
Oigo el canto de unos niños,
una alegría que traspasa el tiempo.
Ilustración: Ales Knotek, Untitled , 2008

0 comments :: Donde esté mi rostro
Publicar un comentario