
Los griegos llamaban bárbaros a los que no hablaban su lengua. Bárbaros eran los otros, los "no griegos", "los que no son como nosotros porque no hablan como nosotros". La lengua era la frontera y la palabra "bárbaro” una onomatopeya que cifraba un habla distinta e inentendible.
Aún así los griegos juzgaban que la lengua no les pertenecía sino que eran ellos los que pertenecían a la lengua, que las palabras sabían de ellos lo que ignoraban de sí mismos. Habitaban la lengua y por ser común compartían un mismo peligro, abrazaban a los mismos dioses, peleaban con las mismas palabras, oían a los mismos poetas.
Más tarde Martin Heidegger afirmó que el lenguaje era la casa del ser, el lugar del des-velamiento en el que el ser se hace presente, la verdad que acaece. La lengua era para Heidegger la poesía original en la que los pueblos poetizan el ser.
Pero si las moradas se hacen de hierro el peligro acecha y todo se ahoga y oculta. La lengua es el camino que huye de cualquier camino. La lengua no tiene dueño: si fueses a un mercado no podrías comprar la lengua. La lengua no está entre las cosas como las cosas disponibles. La lengua no se arma ni se deja. La lengua no vuelve porque nunca estuvo fuera. La lengua no se detiene, no está fija.
La lengua juega como juega un niño con un tarro de miel. El tarro de miel se cae y se rompe ante sus ojos. La miel está derramada y entre la miel los cristales que hieren si no hay cuidado.

Hola: Muy bueno el blog, y muy buena la plantilla (dinos de dónde te la bajas, querido).
Ahora bien, el final de esta entrada no sé si la entiendo (ni bien, ni mal). Ese paso del pastoreo de las cabras en el villorrio con luz de candil y zuecos de madera a la miel del tarro, y todo ello pasando por el mecado de compraventa de lenguajes, no sé, chico... ¿Puedes explicarte algo más?
Y POR CIERTO: las imágenes que subes tienen autor, y sería bueno que lo hicieses constar. Y si no lo recuerdas, pues pide al menos que alguien te eche una mano, o elige otras. No va por ti; es general: ¿por qué nos vemos en la obligación de decir que tal texto es de Heidegger o de Kafka, y no en la de decir si tal garabato o tal pintura es de Klee o de la vecina del quinto? ¿Mmh?
Un saludo. (Y gracias por incluir la posibilidad del anonimato: ahora que ya no está de moda en la red-nube, uno insiste en sus virtudes. Recurrir al anonimato no es engañar, ni mentir, ni dejar de ser sincero. No necesariamente).
MMR.
Anónimo
25 de junio de 2009 a las 13:38Lo de la plantilla lo puedes ver en el pie del blog. El final no es que sea ambiguo, es lo que es. Aquí -Galicia- ya se ha roto el tarro de la lengua (las lenguas) y la gente sangra, hiere, pelea... Es lo que hay.
Por lo de las imágenes tienes razón y las nuevas entradas ya hacen la referencia.
Ramón Gil
27 de junio de 2009 a las 10:20