Todo el mundo tiene una ventana



Ordenando las estanterías encontré, entre los libros, una vieja fotografía en la que un niño de unos cuatro años está montado en un caballo blanco mientras un hombre le da la mano. El hombre mira a la cámara consciente de la imagen, el niño tiene la mirada fija en el caballo. Parece asustado. Es una fotografía pequeña hecha, talvez, cuando un circo visitó la ciudad. No es una fotografía artística, sólo es una fotografía de “presencias”. El niño que sale en la foto soy yo y el hombre mi padre.

La expresión “salir en una foto” es extraña pero aún más extraña “entrar en ella”. El uso de “salir - entrar” es también confuso y, las más de las veces, se emplea “salir” queriendo decir “entrar”. Entrar en una imagen es hacerse imagen. Sucede que en ese tránsito un momento exacto del tiempo se “congela”, se hace objeto que después evoca una ausencia, una máscara de lo que ha sido y ya no es. Barthes observa en “La Cámara Lúcida” que una fotografía es una alianza con la muerte. El esfuerzo del fotógrafo en “dar vida” a las imágenes es un esfuerzo sorprendente y absurdo por imposible.

Salir, entrar... hoy es trivial pero todavía sabemos del miedo de algunos pueblos a hacerse una fotografía: no quieren entrar en la muerte, no quieren ser huella. El “salir del tiempo” que trae la invención de la fotografía es una mera ilusión, un simulacro, es como una mirada de un dios menor y equivocado, una repetición del grito faústico: ¡Detente, instante... eres tan hermoso! ¡Dame la Eternidad!

Salir, entrar... Todas las fotografías del mundo forman un puzzle escrito con luz a través de una cámara oscura. Un puzzle (enigma) que quisiera ser un Aleph, aquella esfera que Borges encontró en un piso de la calle Garay en Buenos Aires donde estaba contenida toda la realidad al instante. Al fin, en la fotografía late, al igual que en la visión del Aleph, el anhelo místico de querer verlo todo.

Cuando vuelvo a la fotografía donde yo y mi padre estamos retratados sé que nada ha cambiado, pero hay algo que está ahora y que antes no estaba.

2 comments :: Todo el mundo tiene una ventana

  1. Entro por pura casualidad y encuentro reflesiones de interés que me fijan al sitio: "salir en la foto" y por qué no "entrar". Este es el oficio del filósofo. ¡Bien! Sin embargo, me encuentro las citas, ya "menos bien". Este es el oficio de erudito.

  2. Siempre estamos de paso y la casualidad muchas veces es la guía.
    Agradezco seriamente su comentario y observación aunque discutiría la cuestión de los oficios. Un saludo.

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