
Sin ser justo duermo.
Sin callar,
con la boca cerrada
duermo,
con la nuca sin remedio a mi espalda,
con mi parto
y mi cuna recién fingida
duermo.
Él me espía.
Se ata a mi cansancio y me espía.
No puedo esconderme.
Él no sabe estar solo,
no sabe estar realmente solo.
Él
tiene el trigo de mi pan,
el miedo de mis ojos,
el cielo de mi jaula.
Él
es un ilusionista
que aparece y desaparece.
Creo,
si alguna vez muero,
que él se dolerá de mi dolor,
que enterrará mi lengua con palabras fáciles.
Yo no sé ninguna palabra fácil.
A veces le oigo susurrar,
susurra como una madre o un mendigo.
A veces es huraño.
A veces, un instante,
siento que su sombra azul se perfila.
A veces
su sombra quiere cobijarme.
Él me quiere pero no me quiere.
Él no sabe estar solo,
no sabe que yo
aplaudo sin ganas sus trucos difíciles
y estoy triste.
Ilustración: Nengah Sujena, Never satisfied, 2009

Espléndido tu poema.
Provoca en mí, un gran remolino de emociones,
una inmensa melancolía.
Y pienso...dualidad de lo dual.
Un abrazo, Poeta
M.
Anónimo
11 de julio de 2010 a las 3:47