Goodbye Herman!



En la segunda avenida haciendo esquina con la calle 42, en Nueva York, hay un hotel con una puerta amarilla. Uno de los recepcionistas se llama Arthur -el nombre es bien visible en su placa- y sospecho que le gusta leer a Schopenhauer.

Una mañana en la que la lluvia era excesiva tuve la valentía de acercarme a la recepción para pedir un paraguas. Allí estaba Arthur leyendo un libro. Me miró e intuí que me preguntaba qué era lo que yo quería. Tenía la frase preparada y me había convencido de que mi inglés había mejorado con los días. Él dijo algo sobre la lluvia en Nueva York y dejando el libro en el mostrador se fue un momento y volvió con un paraguas de mango verde y cielo de plástico transparente. Yo le di las gracias y mirando al libro dije la palabra Schopenhauer. Nos separaba el idioma y no era posible que hablásemos pero en su gesto vi una cierta sonrisa. Entonces me fui.

A la mañana siguiente Arthur había cambiado de libro. No pude ver el título, sí al autor: Conan Doyle. Supuse que esto no significaba el abandono de Schopenhauer, que es un autor que no se deja abandonar, sino que en el azar de los textos y la monotonía del trabajo, el recepcionista alternaba lecturas o estudios.

Solo más tarde reparé en la coincidencia. No puede ser -me dije- ¿qué será lo próximo, una antología de Rimbaud, quizá Miller? Pasaron unos días y me olvidé del Arthur que leía libros cuyos autores se llamaban Arthur. Volví a verlo el día que nos íbamos pero, para mi sorpresa, el texto que aguardaba su lectura era una edición en rústica de Moby Dick. ¡Arthur había traicionado su criterio! Me acordé de la frase de Bartleby: "I would prefer not to"* y creo que al pensarla la pronuncié. Me miró con extrañeza pero antes de que dijese nada abrí la puerta amarilla y me despedí leyendo de nuevo su nombre en la placa: Goodbye Herman!




*La fórmula de Bartleby es un ejemplo de agramaticalidad que tiene una difícil traducción. Talvez la más acertada sea la empleada por Julia Lavid: "Preferiría no". Ref.: Herman Melville, "Bartleby, el escribiente"; Cátedra, Madrid, 1993

Post scriptum: Me despedí con desasosiego, lo reconozco. Ahora creo saber que Arthur -escogeré el primero de sus nombres- representa la paradoja en la que consiste la acción de leer. En el juego de la identidad y la diferencia se apropia, en cada caso, de los nombres de los autores que lee. Me atrevo a juzgar que este esfuerzo es vano porque los textos no son figuras que buscan un espejo, sino laberintos rotos que invitan a su reconstrucción: al leer ya estás siendo el autor del texto, al leer eres el laberinto.


Ilustración: Elizabeth Blackadder, "Still Life with Iris' etching & aquatint, edition 2/75", 1989

0 comments :: Goodbye Herman!

Publicar un comentario

Safe Creative #0907190028497

Visitas ocasionales